viernes, 11 de junio de 2010

50mm f/1.8

El 50mm para mi es algo más que un objetivo, es un deseo, un fin, una meta.

Yo me inicié con un 50mm fijo, fue la primera lente que tuve en mis manos, la que me inició en el mundo de las aperturas y números f. Con él aprendí conceptos como la profundidad de campo y el desenfoque. Y ahora, no puedo usarlo. Mi cámara digital moderna no lo admite. La joven cámara no aguanta al viejo objetivo, los separan más de 30 años de tecnología.

Llevo tiempo pensando en hacerme con uno, pero unas veces porque no hay existencias y otras porque el precio no me convence, el 50mm de la era digital se resiste a llegar a mis manos, por lo menos uno propio.

Digo lo de uno propio, porque uno ajeno si que tuve el mes pasado. Como todos los últimos domingos de mes se realizó una quedada de uno de los grupos de flickr y allí, Esther me prestó su 50mm f/1.8. Por fin pude montar un 50mm fijo en mi cámara digital. Un objetivo luminoso con grandes posibilidades de desenfoque, un objetivo ideal para retratos, un objetivo añorado.

La mirada

Aproveché la oportunidad, exploté el objetivo hasta la saciedad y me inflé a sacar fotos con gran apertura para lograr buenos desenfoques en los fondos y detalles en los primeros planos. Parecía un niño chico con un juguete nuevo, el juguete más deseado, el juguete por el que se llora y patalea para conseguirlo.

Dalila en blanco y negro Dalila

Lo tengo claro, no dejaré pasar la oportunidad de hacerme con un 50mm f/1.8 y disfrutar de él.

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